Un trago para ver mejor

junio 16, 2008

En principio esta nota iba a estar destinada a una frase singular que hoy es rótulo en mi msn. De merecimientos, ni hablemos”, es la línea en cuestión. Sin embargo, tras los hechos acontecidos durante el día de ayer en el estadio Monumental, decidí cambiar el eje de este comentario. Para otro momento dejaré la historia del Almirante Brown que descendió gracias a factores “externos”, historia que enmarca aquella frase.

Comencemos por el principio. En el año 2002, una ilusión más fuerte que nunca moría con el disparo increíble de un tal Anders Svensson. Cavallero volaba hacia el palo derecho y sabía que jamás llegaría al ángulo. 1 a 0 para Suecia y a quemar las naves. Ni Batistuta, Ni Crespo, ni Ortega, ni Verón, ni Simeone –y siguen los nombres- pudieron contrarrestar semejante golpe de efecto. Fue el vestuario más triste de mi vida”, sostiene hasta el día de hoy el 9 del Inter. Después de eso, ¿en qué más creer? Si la mejor selección a disposición caía estrepitosamente en primera ronda, ¿qué resta esperar entonces?

Luego de la sorpresiva derrota en tierras niponas, los técnicos se sucedieron. Pero vale la pena quedarse en las progresiones. La selección argentina de Marcelo Bielsa, durante el proceso que incluyó eliminatorias, tres Copas América y Juegos Olímpicos –entre otras competencias- contagiaba. Es la palabra precisa que definió a ese equipo, tanto dentro como fuera del campo.

Sacando las desventuras lógicas del azar en esas Copas –esos tres penales de Martín Palermo, hasta ahora, irrepetibles en una cancha-, la selección argentina mostraba y demostraba a todos que más que seria candidata, era la dueña del buen gusto futbolero. Todos los “players” se encontraban en el punto justo, como fideo al dente. Un Batistuta imparable campeón con la Roma, un Verón que se hastiaba de lanzar excelentes pases en profundidad, un Simeone dueño y patrón del mediocampo y varios recambios que no sólo no desentonaban, sino que le daban aún más herramientas a Bielsa para dejar en claro lo que es buen fútbol (Aimar, Crespo, Ayala, Almeyda, Redondo, etc). La gente, como era de esperar, se sentía a gusto y cada amistoso o partido de eliminatorias se colaba en el televisor sin objeción alguna: era sabido de antemano que se iba a presenciar un gran juego, sea cual fuere el resultado.

¿Que pasó después? La historia es repetida, Argentina no llega a semifinales en los cuatro últimos mundiales y la esperanza de coronarse a nivel mundial, a pesar de estar siempre latente, disminuye cada cuatro años. Pero lo peor no pasa por eso, pasa por el juego. Desde que Bielsa dejó la selección nacional no ha habido partido de Argentina que me motivase de esa misma manera a prender la TV. Hay excepciones: el mundial es, por razones obvias, una de ellas –y debo reconocer que José Pekerman aún mantenía algo de la llama viva-. Pero sucede que el encanto en un Argentina-Ecuador, en un Argentina-Paraguay, ya no es el mismo. Y todo se lo debemos a dos hombres, dos apellidos que hoy –públicamente, claro está- se encargan de definir y delinear lo que es nuestro fútbol. Sí, hablo de Julio Humberto Grondona y su “secuaz” Alfio Basile.

De ninguna manera este comentario está destinado a defenestrar a ambos sujetos. No señor. Por el contrario, la intención es juzgar sus ideas, su explicación del fútbol y sus planes para el futuro. Empecemos por la realidad del cotejo jugado ayer en el estadio riverplatense. ¿Alguien puede ser capaz de refutarme de forma coherente, si es que estoy equivocado, que para lanzar centros a un número “9” éste debe ser alto y espigado? La inclusión en el día de ayer del explosivo Sergio Agüero dejaba en claro que la bola debía pasar de pie en pie, pases cortos y al ras del piso, centrando el manejo de la pelota en J.S. Verón y J.R. Riquelme. Nada de eso ocurrió y los lanzamientos frontales, largos y altos, fueron una constante contra Ecuador. Algo no funciona.

En segundo término, no hay juego si no hay quienes quieran jugarlo. ¿Qué demonios quizo hacer ayer Riquelme adelantándose como un mediopunta y renegando de la pelota? ¿Es que ahora el conductor tiene que ser Martín Demichelis, cruzando la mitad de la cancha y mirando hacia ambos lados para ver si alguien inteligente decide acercársele? Unas líneas especiales merece el diez de Boca Juniors, que en el día de ayer fue el estandarte de la displicencia, tanto en juego como actitud.

Tercero: Messi solo no puede. A las joyas hay que cuidarlas”, supo decir José Pekerman y lo repitió cierto beodo que asoma, más que de las gradas, de bodegas. Si es que hay que cuidarlo, entonces ¿por qué rayos lo marcan entre Urrutia, Ayoví y compañía? No tenemos tampoco respuestas a esto. Antes del partido hablaban de los cuatro fantásticos. Genial. Después de el cotejo, tendríamos que hablar de “Eterno resplandor de una mente sin recuerdos”. Cuatro forajidos solitarios cuya única sociedad podía darse en la concentración de Ezeiza.

Cuarto y fundamental: No hay identidad futbolística. El amigo Juan, de www.futbolprimera.es sostuvo ayer una apreciación brillante: “con Basile retrocedemos diez años”. Ciertamente, que no sorprenda que Argentina juegue el repechaje contra Nueva Zelanda y convoquen nuevamente a Diego Armando. Ni hablar si llegamos a jugar la Copa del Mundo, seguramente se pierda contra algún equipo de Europa del este en cuartos de final. La Selección, en tres palabas simples, no transmite nada.

Por estas razones, pienso nuevamente en la frase “de merecimientos no hablemos”. Bielsa lo hizo todo bien, al filo de la perfección. Tan así fue que lo de Japón-Corea fue intolerable. Basile lo hace todo mal, aúna luminarias y no les indica cómo jugar. Así seguirá y quizás, en Sudáfrica, nos calle a todos ganando la copa. ¿Quién tiene la razón? Ninguno de los dos, figuras extremas del mundo redondo. Pero hay algo que es bien cierto y la gente lo tiene bien en claro: Hay que ganar.

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3 comentarios to “Un trago para ver mejor”

  1. Lo que más me llama la atención es la falta de confianza en elaborar un proyecto que cimente una manera de jugar, una forma de trabajo que nuclee lo mejor de los hombres de la selección argentina con fundamentos. Bah, como se hacía cuando Bielsa estaba, errores y dilemas aparte.

    Basile, que a pesar de que con su nombre se forma el de Bielsa también, sólo eso tiene de parecido al obsesivo entrenador de la selección chilena. El “entrá y jugá, pibe” ya no sirve más en el fútbol de hoy. Por más que tengas a los mejores, que tampoco es el caso de Argentina.

    Sin un trabajo serio, ordenado y sin caprichos (Riquelme evidentemente no soporta que hayan otros focos de atención sobre el campo, tal el caso de Messi) difícilmente puedan tener una buena actuación en Sudáfrica.

    Abrazo Augusto!

  2. riikii said

    Gran blog.

    Intercambio de links? Pasate por mi blog y contesta porfavor.

    Saludos

  3. Es verdad, ya no motiva tanto la selección, pero bueno que se le va hacer, ojala lo saquen a este muerto de Basile de una buena vez!!

    Un abrazo grande.

    http://www.mundofutboleroblog.blogspot.com

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