“Cagado, no. Le tenía mucho respeto. Pero cuando me levanté ese día y le vi la cara a los jugadores, me dije “hoy les ganamos”. Es el mejor “p…” (sic) que me eché en este campeonato”, Sergio Batista, director técnico del seleccionado argentino Sub-23, sobre el partido contra el representativo Brasileño. Diario Clarín, Suplemento Especial Beijing 2008. Lunes 25 de agosto del 2008.

 

“Las pirámides nos dieron energía”, Alfio Basile, director técnico del seleccionado argentino, en el post-partido del choque Argentina 2 – Egipto 0. Diario Clarín, Suplemento Deportivo. Jueves 27 de marzo del 2008.

 

  

Para este artículo me parecía totalmente necesario arrancar con estas dos frases perdidas. Frases que bien podrían haber sido inoportunas de no ser que ambos teams lograron ganar en sus respectivos encuentros…

 

Luego de las Olimpíadas jugadas en territorio chino, podemos sacar muchas conclusiones. La primera y fundamental es que hay jugadores que merecen tener una chance real en la mayor. Empecemos: Di María, Zabaleta (a mi criterio uno de los mejores marcadores de punta derechos del mundo), Nicolás Pareja, Fabián Monzón (¿el lateral izquierdo que tanto necesitamos?) y Sergio Romero. Por suerte Basile entendió de qué va todo esto y nominó al ex – Rosario Central. Sin embargo, la lista parece vacía y aparecen nombres olvidados –Andrés D´Alessandro- que ya tuvieron su momento y no supieron aprovecharlo. Esta es una de las tantas cuestiones que se nos cruzan luego de ver cómo juega una selección y cómo juega la otra.

 

Vayamos al grano: ¿Hay diferencias? ¿Cuáles son? Comencemos por ellos mismos. Batista, un ex – campeón mundial, ya ha dirigido en clubes menores de primera división (Argentinos Juniors, Nueva Chicago, Talleres de Córdoba) mostrando que tiene buen paladar futbolístico. A simple vista parece ser un técnico responsable y su imagen -si bien no será como la de Maradona- impacta por haber ganado la copa en 1986 y por haber sido conocido como uno de los mejores 5 de la historia local.

 

Basile. Tipo terco si los hay. Ganó dos copas América en los años 90 y clasificó a la selección nacional al Mundial de 1994. En sus últimos logros figura la gran campaña con Boca, ganando campeonatos locales y Copa Sudamericana. Por otra parte, también ha sabido conseguir la Supercopa con Racing Club allá por 1988.

 

Hasta ahora, pocas diferencias. En todo caso, gana Basile. Pero vayamos a lo táctico: ambos juegan con línea de 4, dos cincos bien definidos (Mascherano y Gago), un enganche y dos puntas. Siguen manteniendo a Agüero –le mandan centros altos, un error que parece perpetuarse-, Messi y Riquelme se encargan de la creación del juego y los laterales suben por las bandas. Nada nuevo, todo bastante parejo.

 

Mi pregunta, por lo tanto, se remite a por qué una selección juega bien -lo que podría definirse también como “agradable a los ojos”- y la otra sólo se dedica a especular con su historia (el cero a cero contra Belarús demostró que así no va más). Y pensando un poco esto, me di cuenta de que si existe una diferencia asimétrica y notable: la selección de Batista le ganó 3 a 0 a Brasil y la de Basile cayó por el mismo marcador. ¿Son tan diferentes? ¿Son tan iguales?

 

Está bien. Podemos decir que fueron selecciones muy distintas (en una estaba Verón como creador, Ibarra y Heinze como laterales; en la otra tenemos a Di María y a Zabaleta y Monzón), pero la calidad de los jugadores no se puede objetar. Y me vuelvo a preguntar, entonces, ¿será que Batista tiene algo que a Basile se le apagó hace tiempo? ¿Será que Batista sabe de qué va esto de “hacer sentir la camiseta”? ¿O tal vez a Basile ya no le importe esto último y quiera ganar como sea, jugando pésimo o peor?

 

Con esto no pretendo elevar a un status superador al “Checho”. Simplemente busco reflexionar sobre las posibilidades que se abrieron tras Beijing 2008. Busco entender también porqué aparecen los Di María, jugadores tapados que sorprenden, con mucha más garra y actitud que tantos otros que descansan en ligas más importantes.

 

Tal vez no sea un error de técnicos. Tal vez sea hora de que algunos se vayan y que vengan otros…

 

P.D.: Para los amantes de la comedia: otra de las similitudes entre Batista y Basile surge cuando se los analiza personalmente. Sin ánimos de ofender, es vox pópuli que Batista se fue de mambo –¿se fue? ¿se va? – con “el polvo blanco” y que Basile es un envase etílico. Parece que la moda ahora es que el DT sea zarpado y se mande algunas. Si no, no tiene gracia.  

  

 

 

 

 

 

 

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Esa tabla, esa copa

agosto 19, 2008

Ya no me sorprende lo que genera este deporte…

Pensando en la situación del querido Gimnasia y Esgrima La Plata, me vino a la memoria una historia reciente de la que pocos se acuerdan y de la que muchos estarán quejándose hasta el día de hoy. Y ahí me incluyo.

Hace un par de años en la Argentina se implementó el sistema de promedios con resultados dispares. Así, mientras en todas las demás ligas se sigue utilizando el sistema de descenso directo (convengamos, son dos o tres descensos directos), en nuestro país se buscó hacer la peor de las monstruosidades que modifica de manera crucial el destino de cada club.

Veamos… A principios de la década de los ´90, el señor Julio Humberto Grondona decide abolir los torneos únicos (Metropolitano, Nacional) y se instauran los denominados Torneos Apertura y Clausura. Lo mismo, digamos, pero dividido en dos campeonatos nacionales.

El problema surge cuando se intenta adaptar ese sistema a lo que sucedía en España. Vayamos paso por paso: ya no son dos descensos únicos, ahora van acompañados de la llamada Promoción, que algunos descubrimos mucho antes con esa enfermedad llamada “PC Fútbol”.

Ok, hasta ahí bien. Pero la animalada mayor surge cuando se insertan en los campeonatos ciertos números con dígitos que señalan si su club desciende o se la juega con un equipo de segunda. Los promedios, señores, llegaron para quedarse en la Argentina. Y la mayoría los detesta, como también detestan el sistema de dos campeonatos no unificados.

Pero más allá de esto, mi duda mayor aparece en torno a los cambios radicales que ha sufrido este deporte en este país. Yo me pregunto, para ser preciso, ¿por qué rayos se aprobaron los promedios y las promociones y no un torneo más que valioso? A qué me refiero con esto, se estarán preguntando todos ustedes…

Bueno, la razón principal es que ya en los finales de esa época -repitamos, los años ´90- una nota en el Diario Clarín anunciaba con bombos y platillos el nuevo sistema y un nuevo campeonato inédito en Argentina. Se hablaba de la misteriosa “Copa Argentina”, en la que (cual Copa del Rey, Cual Copa Italia) todos los equipos nacionales de todas las categorías lucharían por un trofeo único. Sin lugar a dudas, me atrevería a decir que esta creación haría mucho más interesante al principal deporte nacional, sobre todo para los que nos cansamos de ver las mismas camisetas ganar títulos una y otra vez, sin mayores sorpresas que algún que otro tapado coronándose de milagro (Lanús, Estudiantes de La Plata). En otras palabras, la Copa Argentina reduciría en nuestro fútbol esa dosis tan fuerte de monotonía tan característica, también, de la selección dirigida por el señor Alfio Basile.    

Hoy en día, de ese planteo originario quedan pocos recuerdos. Sólo el de algunos ingenuos como quien les habla, que alguna vez creyó que podían existir -más allá de los amistosos de pretemporada- partidos como Laferrere-Lanús, San Lorenzo-Berazategui, Claypole-Instituto y así la lista sigue… 

Uno de los inventos de JHG sigue vivo y coleando, disminuyendo las esperanzas de aquellos que creen con la salvación de su team. El otro, basado en puros planteos decorativos, murió para siempre. Y el hincha, como suele suceder, paga los platos rotos de una dirigencia que perpetua su existencia y sus pocos felices fallos.

Y después le echan la culpa a la violencia…